martes, 23 de abril de 2013

Van Persie como punto de inflexión

Nos hemos acostumbrado a ver celebrar títulos de liga al Manchester United: se ha impuesto en 13 de las 21 ediciones de la Premier League. Nos hemos acostumbrado a ver cosechar éxitos año sí y año también a Sir Alex Ferguson, cuya leyenda se agiganta permanentemente. Nos hemos acostumbrado a ver escalar a los red devils en el palmarés del fútbol inglés hasta el punto de superar al Liverpool en títulos ligueros, algo que parecía muy lejano a comienzos de los noventa. Quizás porque se ha transformado en un clásico de la primavera asistir a las celebraciones de Old Trafford, y por la sonada decepción de los vecinos del Etihad Stadium esta temporada, se infravalore la vigésima liga de su historia. Pero no es una más, seguro que Fergie la saborea y la disfruta más que algunas de las anteriores. Es un trofeo que llega a las vitrinas del ‘Teatro de los sueños’ en un momento en el que el Manchester City amenazaba muy seriamente con imponer su hegemonía en el fútbol británico, en una época en la que el gasto en fichajes de uno y otro club no tenía nada que ver, en una época en la que el United perdía a futbolistas de la talla de Cristiano Ronaldo o Carlos Tévez y, en cambio, no hacía contrataciones de relumbrón, como sí se producían en el otro conjunto de la ciudad.

(Pinchar en el enlace para seguir leyendo. Artículo publicado en www.marcadorint.com)

miércoles, 10 de abril de 2013

Del miedo a la bancarrota al éxito

1997, 2005 y 2013. Ocho años separan a cada una de estas fechas que definen la historia reciente del Borussia Dortmund, que señalan los tres momentos más trascendentes que se recuerdan en el equipo de Renania del Norte-Westfalia. 

1997 El 28 de mayo de 1997, el Estadio Olímpico de Munich coronó al Borussia Dortmund como rey del continente. Cosechó de forma inesperada el mayor éxito de la historia del club germano. De forma inesperada porque enfrente estaba aquella noche la Juventus de Turín, la Juve capitaneada por Marcello Lippi, Zinedine Zidane, Didier Deschamps, Christian Vieri o un joven Alessandro Del Piero que explotaría durante la siguiente campaña. De forma inesperada porque aquella Juve viajaba a la final de la Champions League habiendo vencido dos veces consecutivas el Scudetto, defendiendo el cetro continental logrado la primavera anterior y con la vitola de vigente campeón del mundo. Era la escuadra más laureada del momento. Y, sin embargo, en Munich el rey de Europa sucumbió -como haría de nuevo en 1998 ante el Real Madrid y en el 2003 frente al Milan- y el Borussia Dortmund escribió las páginas más doradas de sus 103 años de vida.

2005 La gloria fue poco menos que efímera: los títulos continentales se resisten desde el año 97 en Dortmund, donde en las trece temporadas posteriores solo pudieron levantar una Bundesliga y una supercopa alemana. No obstante, el drama en el ecuador de la pasada década no lo ocasionaron los resultados deportivos, sino la situación económica de la entidad. “El Borussia Dortmund estaba roto hace ocho años y ahora pertenece a la élite europea”, explica Hans-Joachim Watzke, presidente del club, cargo que ocupa desde 2005, año en el que el equipo flirteó con la quiebra, debido a los problemas financieros que el club arrastraba desde un par de campañas atrás. No deja de formar parte del capítulo de anécdotas, pero el Bayern Munich, confirmado tanto por Uli Hoeness como por Watzke, realizó un préstamo de 2 millones de euros a su rival. En febrero de 2005 saltaban definitivamente las alarmas. Las acciones del Borussia Dortmund en la bolsa de Frankfurt se desplomaban, su valor se reducía en un 80% con respecto al original y las pérdidas no cesaban: 68 millones de euros en el ejercicio 2003/04 y 27,2 M € en la primera mitad del curso 2004/05. Un nuevo periodo iba a iniciarse con Watzke en la presidencia de un club que, según sus propias palabras, “quizás gastó el dinero que no tenía”. Finalmente la afición del Westfalenstadion respiró tranquila aunque hubo de acostumbrarse a ver cómo su estadio era renombrado, por motivos publicitarios, como Signal Iduna Park, en lo que fue una de las medidas que evitaron el fatal desenlace y que permitieron la supervivencia económica del club centenario de Renania del Norte-Westfalia. Además, el Dortmund necesitó inversores, se vio obligado a reducir un 20% los salarios y acordó con la sociedad propietaria del estadio un aplazamiento de dos años en los cobros de su arrendamiento y la adquisición de un 42 por ciento del mismo. El plan de saneamiento propuesto el 17 de febrero de 2005 por los mandamases del club dio los resultados esperados y se evitó la temida quiebra. 

2013 En el plano económico, el Borussia Dortmund ha experimentado un paulatino crecimiento y, por ejemplo, ha doblado en el último lustro su volumen de negocio: 90 millones de euros en 2007 frente a los 189,1 M € del curso 2012. En el plano deportivo, Jurgen Klopp fue elegido para devolver al equipo a la élite del fútbol alemán, posiblemente sin conocer quienes tomaron la decisión de ficharle que también devolvería al BVB a la élite del fútbol europeo y mundial, a formar parte de los últimos cuatro supervivientes de la edición 2012/13 de la Champions League. La del Borussia Dortmund es una historia de supervivencia.

lunes, 8 de abril de 2013

Moyes y las dos caras de Lloris

No le pidas al Everton que se entretenga en la elaboración del juego. No esperes que David Moyes renuncie a sus habituales dos líneas de cuatro. No pienses que a estas alturas de la película los ataques directos dejarán de caracterizar al Everton. Porque ninguna de estas cosas tienen visos de ocurrir. 

Los toffees se jugaban en Londres mantener vivas sus opciones de pelear por los puestos de liga de campeones. Dentro de ocho días, en el Emirates frente al Arsenal. Y primero, en White Hart Lane ante el Tottenham, sin Gareth Bale y sin Marouane Fellaini. No se puede calificar de sorpresa que los spurs acusasen más que el Everton la ausencia de su mejor futbolista. Logró, no obstante, André Villas-Boas que su equipo no se empeñase en entrar por el carril central como en algún compromiso reciente le ha sucedido, sino que hubo amplitud, con la inestimable colaboración de los laterales Walker y Vertonghen. El rol de líder, en ausencia del galés, lo asumió Mousa Dembélé, apoyando a Scott Parker, dando salida al juego del Tottenham y haciendo daño en campo contrario. Aunque aquello duró 45 minutos y el belga fue una sombra de sí mismo tras el descanso.
En el Everton la baja de Fellaini reduce considerablemente el número de envíos por alto, pero no implica que los ataques dejen de ser rápidos, directos y verticales. Son algunas de las señas de identidad de la escuadra de Moyes, cuyo rígido esquema tuvo para el joven Ross Barkley similares consecuencias que para Mikel Arteta temporadas atrás. En sus últimos tiempos en Liverpool, Moyes tomó a menudo la decisión de situarle pegado a la banda, nada que ver con la posición de mediocentro que ocupa en el Arsenal o la de mediapunta que con tanto éxito desempeñó a orillas del Mersey. Idéntico rol se le encargó a Barkley, obligado a actuar en un costado, en el estadio de los spurs, donde el Everton demostró una semana más que para ejecutar su plan no necesita disponer de centrales que saquen el balón con brillo ni tampoco contar con una figura clara de organizador en la medular.

La doble cara de Hugo Lloris 
No es una labor demasiado complicada trazar ciertos paralelismos entre David de Gea y Hugo Lloris, dos de los mejores guardametas de la Premier League y que, a su vez, comparten virtudes y defectos. De reflejos van ambos sobrados, de inspiración en los momentos decisivos también. De la misma forma que sus dificultades para solventar las acciones por alto o a balón parado en la liga inglesa se intuían cuando se vincularon con el Manchester United y el Tottenham respectivamente. El Everton empató ayer en White Hart Lane aprovechando una jugada en la que la tarea asignada a Victor Anichebe era realizar una especie de 'pantalla' al portero galo en un corner. Otro equipo de Liverpool lo había hecho la temporada pasada en Anfield, sin ningún disimulo y con reiteración en el área pequeña de De Gea. Lloris pagó su indecisión y ese error a balón parado le costó un gol a su equipo. Y un gol fue lo que salvó en los minutos finales, en un mano a mano ante Anichebe, en el que lejos de existir demérito del nigeriano lo que se produce es una reacción rapidísima del francés. Una de cal y una de arena. Las dos caras de Hugo Lloris.