martes, 5 de marzo de 2013

Palacio y La Bombonera

Aunque suene inverosímil, a este Inter 2012-13 se le llegó a considerar como la alternativa, quizás la principal en un momento concreto de la temporada, al Scudetto. Y creo que con todo merecimiento. Su triunfo en el estadio de la Juventus fue un auténtico golpe de autoridad y la escuadra nerazzurri no conoció durante siete jornadas consecutivas nada distinto a una victoria. El éxito otoñal dependía principalmente de una circunstancia: el Inter se había convertido en un equipo serio que dominaba ambas áreas. No una, las dos. 

Ahora la defensa del Inter se deshace cual azucarillo, principalmente a domicilio, como han podido comprobar el Catania, la Fiorentina, el Siena o Udinese. Y sus cifras de goles recibidos no son más abultadas porque Samir Handanovic saca una buena nota día sí y día también, no lo olvidemos. Su pugna con Federico Marchetti por ser el mejor guardameta de la Serie A 2012/13 es espléndida. Se echa mucho de menos a Walter Samuel, lesionado desde hace dos meses, ya que el irregular Andrea Ranocchia nunca ha sido capaz de transmitir la seguridad que se esperaba de él cuando llegó desde el Bari. Juan Jesus, indiscutible en los planes de Andrea Stramaccioni, da una de cal y una de arena, mientras que a Cristian Chivu se le ha visto a un nivel que hace pensar que la cuesta abajo de su carrera es ya inevitable.

La cruda realidad del Inter es que en veinte días perdió a tres de sus futbolistas más talentosos: Diego Milito, lesionado de gravedad; Wesley Sneijder, traspasado al Galatasaray; Philippe Coutinho, traspasado al Liverpool. Lo cual refuerza la posición de Rodrigo Palacio poco menos que como referencia actual del equipo. De su juego, de sus movimientos, de sus goles y de sus asistencias van a depender en buena medida las opciones del Inter de evitar lo que sería una profunda decepción: estar dos años consecutivos sin escuchar el himno de la Champions League. También saben, no obstante, en el club que no se pueden pedir milagros y que Rodrigo Palacio no va a poder exhibirse cada tarde como hizo el domingo en el Angelo Massimino. Perdía 2-0 el equipo ante el Catania, que dispuso además de una ocasión clarísima para anotar el 3-0, entró Palacio en el descanso y tuvo tiempo para meter dos goles y dar una asistencia.
Tiempo, mucho tiempo es lo que llevaba Juan Román Riquelme fuera del fútbol. 242 días habían transcurrido desde el último partido de Román. Regresó este domingo en La Bombonera ante el equipo (Unión de Santa Fe) contra el que curiosamente tuvo lugar su debut como profesional allá por 1996. Si Román llevaba 242 días de inactividad, Unión llevaba 288 días sin ganar un partido, que se dice pronto. Rompió la racha y aguó la fiesta de Riquelme en La Bombonera en un encuentro que deja varias lecturas: Boca sigue defendiendo muy mal y el rival convierte con suma facilidad sus ocasiones en gol. Y las dos principales: que se vio mejor físicamente a Román de lo que uno podía imaginar después de sus ocho meses de inactividad y que el propio regreso de Riquelme eclipsó la notable actuación que ofreció Cristian Erbes en la medular xeneize. 

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