sábado, 2 de marzo de 2013

Agridulce

Las cuentas en San Paolo eran claras y sencillas: el triunfo bianconero daba más de medio Scudetto a la Juventus, la victoria partenopea abría de par en par la pelea por el título, mientras que el empate tendría sabor casi a derrota en Nápoles y casi a triunfo en Turín. No obstante, las sensaciones posteriores han quedado condicionadas por el desarrollo del partido y porque no puede saber a victoria a la Vecchia Signora un encuentro que en el minuto 20 podía tener encarrilado por 0-3. Y hubiese sido muy importante para la Juventus sentenciar su visita a Nápoles cuando pudo, para alcanzar los nueve puntos de ventaja en la clasificación que le permitirían disponer de un buen margen para dedicar la mayoría de sus esfuerzos a la Champions League en el mes de abril. Es por ello por lo que el 1-1 ha de ser un resultado agridulce.

Ya se asume como algo natural la incapacidad de Mirko Vucinic para ser letal dentro del área. Si no lo ha sido hasta ahora, lo extraño sería que Mirko empezase a destacar de la noche a la mañana por su olfato goleador. Es así, con sus virtudes y sus defectos. Y sus virtudes, que las tiene, no están relacionadas con asegurarle a su equipo 20-25 goles por temporada. No por ello situaciones como las de anoche dejan de ser desesperantes. Con el Nápoles absolutamente noqueado tras el 0-1, Vucinic dispuso de un remate de cabeza casi en el área pequeña para sellar el 0-2. Lo desaprovechó, como desperdició un par de minutos más tarde un mano a mano con Morgan De Sanctis. No era el día del montenegrino. 

Tampoco lo sería del delantero rival, del delantero que en alguna ocasión sonó con fuerza como sustituto -o reemplazo- del propio Vucinic en el ataque bianconero. Giorgio Chiellini y sus artimañas desquiciaron a Edinson Cavani, cuyo codazo bien mereció una tarjeta roja que el árbitro se guardó. Pero el episodio vivido en el último minuto de la primera parte no es una excusa para la pobre actuación del 9 uruguayo, que ya antes estaba pasando sin pena ni gloria por el partido. Todo lo contrario que Marek Hamsik, actor principal anoche en el Nápoles, algo impreciso en los metros finales, pero con diferencia el más activo en su equipo. Su constante presencia en el área de Buffon y sus conducciones por el carril central fueron lo mejor de la escuadra de Walter Mazzarri. 

Muchas páginas de periódico se han escrito con halagos hacia los centrocampistas de la Juve, ya sea Andrea Pirlo, Arturo Vidal, Claudio Marchisio o el joven Paul Pogba. Muchas horas de radio y televisión se han dedicado a debatir sobre la necesidad de fichar a un delantero de primerísimo orden mundial. Pero menos tiempo se ha dedicado a la zaga del vigente campeón de Italia. Desde que Antonio Conte llegó en 2011, la defensa bianconera ha encajado 38 goles en 65 jornadas de liga italiana, unas cifras que a menudo pasan inadvertidas. Lo trascendente en este caso no son los fríos números, sino el nivel que semana tras semana exhiben los centrales de la Juventus, especialmente Andrea Barzagli. Están listos para competir en los cuartos de final de la Champions.

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