miércoles, 21 de noviembre de 2012

Historia de una fría relación

Avram Grant, Luiz Felipe Scolari, Guus Hiddink, Carlo Ancelotti, André Villas-Boas y Roberto Di Matteo -además de Ray Wilkins durante un partido- se han sentado en el banquillo de Stamford Bridge a lo largo del último lustro. Y el próximo domingo, ante el Manchester City, tomará el testigo un nuevo técnico, que, si Pep Guardiola lo desea, solo ocupará el banquillo blue hasta el mes de junio. El baile de entrenadores no cesa.

Un equipo de su país, la Juventus de Turín, ha desencadenado la destitución de Roberto Di Matteo. Ya había provocado la Juve en el mes de septiembre el principio del fin. Se presentó Roman Abramovich, por primera vez en la temporada, en Cobham, el campo de entrenamiento del Chelsea y, tras una tensa charla con toda la plantilla, echó el primer pulso al entrenador que cuatro meses antes había dado al club la primera Champions League de su historia. El pulso no fue otro que hacer saber a Di Matteo que Juan Mata, Oscar, Eden Hazard y Fernando Torres debían jugar siempre, o casi siempre, juntos. El primer pulso lo ganó Abramovich.


Roman Abramovich, para quien el fútbol es más una diversión y un hobby que un negocio, desea ver juntos a los considerados "jugones" de la plantilla. Así se lo hizo saber a Roberto Di Matteo después del empate ante la Juventus. Fuentes muy cercanas al entorno blue aseguran que Abramovich, textualmente, está harto y en cuanto pueda despedirá a Di Matteo. Tres años de contrato pedía el técnico italiano después de ganar la Champions en Munich, algo que nunca contempló el ruso, decidido a prolongar lo mínimo posible la etapa de Di Matteo en el banquillo y a iniciar cuanto antes la búsqueda de su sucesor.

Un par de días más tarde, los 'protegidos' de Roman jugaron juntos de inicio por primera vez, algo que se convertiría en lo habitual durante los dos meses posteriores. Tal fue la autoridad con la que el ruso se dirigió a Di Matteo que el técnico se comenzó a mostrar reticente incluso a realizar sustituciones que pudiesen ser consideradas como defensivas en encuentros con el marcador a favor, como ante el Arsenal o el Tottenham. El vigente campeón de Europa dominaba con cierta autoridad la Premier League a finales de octubre, tras sumar 22 puntos en 8 jornadas, pero "Abramovich estaba harto y en cuanto pudiese despediría a Di Matteo", por extraño e increíble que pareciese. Era comprensible que la incredulidad fuese el denominador común en muchas de las respuestas recibidas tras publicar esta información.
Nadie esperaba, no obstante, un despido tan repentino. Cierto es que el Chelsea tiene un pie y medio fuera de la Champions. No menos cierto es que los cuatro pinchazos consecutivos en la Premier resultan engañosos: derrota ante el Man United con una enorme polémica arbitral, casi se gana al Liverpool y al Swansea, y casi se empata en West Bromwich.

En The Hawthorns, estadio del West Brom, André Villas-Boas dirigió por última vez al equipo londinense y en The Hawthorns, el pasado sábado, Roberto Di Matteo perdió definitivamente el control del vestuario. "¿Os hacéis llamar campeones de Europa y no sois capaces de vencerles [al West Brom]?", se escuchó, según contó Pat Murphy, de la BBC.

Di Matteo, que no se sintió lo suficientemente respaldado cuando en el mes de mayo no recibió los tres años de contrato que deseaba y que perdió autoridad tras la visita de Abramovich a Cobham en septiembre, decidió apostar fuerte y echar un órdago en Turín. Esta vez sí iba a ser fiel a sus ideas, fiel a su idea de que Fernando Torres -uno de los 'protegidos' del dueño- merecía ser suplente y fiel a su idea de que el duelo ante el campeón italiano demandaba un planteamiento distinto al que venía exigiendo Abramovich. Fuentes del entorno blue entienden que este pulso de Roberto Di Matteo, y no los recientes resultados (malos, pero no catastróficos), es el principal motivo de la controvertida destitución. Como controvertido sería el nombramiento de Rafa Benítez, entrenador cuyo CV es inversamente proporcional al apoyo que encontraría en la afición blue su contratación.

1 comentario:

dvdcamblor dijo...

Un entrenador no debería aceptar que los presidentes o propiestarios de sus clubes se metan en su trabajo llegando a influir en sus decisiones. Es algo que también vemos y mucho con Allegri en Milán. No creo que esta forma de actuar del magnate ruso seduzca en exceso a Pep Guardiola para decidirse por el Chelsea.