miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuando los pronósticos no se cumplen

Octavofinalista en el Mundial de Alemania 2006, semifinalista en el Mundial sub'17 de 2007, semifinalista en la Copa África 2008, campeona del mundo sub'20 en 2009, finalista en la Copa África 2010, cuartofinalista en el Mundial de Sudáfrica 2010 y ahora semifinalista de la CAN 2012. Las caras de la expedición ghanesa cuando ésta regrese a casa volverán a reflejar la decepción de fallar una vez más en el intento de conquistar el torneo. Sucedió en 2008, en 2010 y también en 2012.

Lo peor en esta edición no ha sido el resultado, sino la imagen exhibida por la selección ghanesa. En cierto modo, es lícita la sensación de que la eliminación es un justo castigo al fútbol rácano de las 'Black Stars'. Un fútbol que en ningún momento se asemejó a lo que, de la mano de Milovan Rajevac, habían mostrado en el Mundial de Sudáfrica. Sin embargo, sí se puede establecer un paralelismo entre lo ocurrido esta tarde y lo sucedido en el Soccer City en julio de 2010. Tanto en Johannesburgo como en Bata, Asamoah Gyan se despojó durante unos segundos de su rol de héroe. Un penalti errado por él truncó las esperanzas de alcanzar las semifinales del Mundial. Y un penalti suyo, en los primeros minutos de la semifinal entre Zambia y Ghana, acabó resultando decisivo en el desenlace del encuentro. Gyan volvió a fallar desde los once metros y, aunque su selección acumuló cuantiosas ocasiones de goles a lo largo del partido, no habrá jugada más recordada de esta primera semifinal que su lanzamiento de penalti.


Pero las causas de la derrota ghanesa no las encontraremos únicamente en la acción de su delantero estrella. Su actuación en semifinales fue de nuevo una demostración de su falta de acierto goleador y de ciertas carencias en la elaboración del juego. La incapacidad para batir a Kennedy Mweene no es algo coyuntural. Basta con echar la vista atrás: Ghana ha anotado 6 goles en 5 partidos. Únicamente un gol -a balón parado- frente a la débil Botsuana; el único tanto ante Guinea llegó en un disparo de Badu desde fuera del área; frente a Mali, un gol de falta y otro de Ayew -¡el único en jugada elaborada en todo el torneo!-; frente a Túnez también un tanto a balón parado y otro aprovechando un error dantesco del guardameta Mathlouthi. Nada es casual.

A sus problemas en el remate hay que unir la previsibilidad de su juego, una vez alcanzaban los tres cuartos de campo. En la CAN, salvo en algunos destellos de calidad, vimos al André Ayew más individualista y desacertado. No obstante, sus discretas actuaciones no son suficiente para entender los cambios realizados por Goran Stevanovic en el último cuarto de hora del Ghana v Zambia. Con 0-0, sustituido Asamoah Gyan por Prince Tagoe. En favor del serbio hay que decir que el estado físico de Gyan no parecía el mejor y quizás eso explique el cambio. Pero pocas explicaciones se pueden encontar al cambio del mayor de los Ayew, sustituido en el minuto 86, cuando su equipo perdía y estaba en inferioridad numérica. Milovan Rajevac y Goran Stevanovic comparten nacionalidad y ambos han dirigido a la selección ghanesa, pero las diferencias entre el buen trabajo de uno y el pésimo desempeño del segundo saltan a la vista.

El gran triunfador de esta Copa África, en lo que a banquillos se refiere, no es otro que Hervé Renard. Francés, de 43 años y que ya fue el responsable de llevar a Zambia hasta los cuartos de final en la anterior CAN. Dirige a una selección en la que solo dos de sus integrantes militan en clubes europeos: Chisamba Lungu (Ural Oblast, de segunda división rusa) y Emmanuel Mayuka (Young Boys suizo). El próximo domingo pisarán Gabón por primera vez en el torneo, ya que hasta ahora sus cinco encuentros los ha disputado en Guinea Ecuatorial. Pronto se cumplirán 19 años del accidente aéreo que le costó la vida a los integrantes de la selección zambiana. Aquello ocurrió en Gabón, donde este domingo Zambia intentará ganar su primera Copa África. Después de vencer a dos de la máximas favoritas -Ghana y Senegal-, Mayuka, Kalaba, Katongo y cía no temen al vencedor de la segunda semifinal. Cuando Zambia juega, los pronósticos no se cumplen.