martes, 19 de julio de 2011

Cambió una demarcación que no era suya

"La primera vez que vi a Patrick fue durante 45 minutos, contra el Mónaco, al final de una temporada". Son palabras de Arsène Wenger. Se refiere a la temporada 1993-1994, a sus últimos meses al frente del Mónaco. "Era su primer partido con el Cannes, pero él dominaba el centro del campo y después de ese partido pensé: este chico tendrá una gran carrera."
Ese fue el primer contacto entre Patrick Vieira y el que luego sería su técnico durante casi una década. Porque el alsaciano, al saber que entrenaría al Arsenal, pidió al centrocampista -entonces en el Milan- que lo acompañase en esa aventura por tierras inglesas. Los siguientes pasos en la relación entre jugador y entrenador son perfectamente conocidos por todos. Axel Torres nos cuenta qué significó y significa para el Arsenal:


"Creo que a Vieira lo valoré más cuando ya se había ido que cuando jugaba en el equipo. En parte era lógico, porque de aquel Arsenal de los invencibles, que es el más fresco en la memoria, lo que más llamaba la atención del aficionado era la clase de Pires, el talento puro de Bergkamp, la velocidad arrolladora de Henry, las llegadas por sorpresa de Ljungberg... Sin embargo, Vieira jugaba un papel destacadísimo, y probablemente suponía la mayor diferencia entre el Arsenal de entonces y el de ahora. Es un dato, y se podrá valorar hasta qué punto es anecdótico y casual, pero el Arsenal dejó de ganar títulos en 2005... justo cuando se marchó Patrick Vieira. Justo cuando se marchó el único jugador del equipo, junto a Bergkamp, que estuvo presente como titular habitual en los tres campeonatos de la Premier de la era Wenger.

Recuerdo leer artículos, en el inicio de la campaña siguiente al último título de liga, que se preguntaban si derrotar a ese Arsenal era posible. Leído hoy, suena casi a chiste, pero por aquel entonces en el mundillo futbolístico británico aquel equipo tenía un aura de invencibilidad. Y muchos citaban a Vieira. Porque era el hombre que te asfixiaba, que estaba presente en todo el centro del campo, el que recuperaba e iniciaba, el futbolista convertido en el concepto de transición. En sus tiempos, nos habría parecido una locura que alguien pudiera asociar al Arsenal de Wenger con adjetivos como "blando", "tibio", "falto de carácter". Era justamente lo contrario. En parte, por Vieira.

Después de Vieira, Wenger incluso cambió el concepto. Hasta ese momento, exponía que sólo situaba en el centro del campo jugadores que tuvieran, fundamentalmente, una winning-ball ability. Después de Vieira, la idea se modificó. No tenía a nadie de esas características. Ningún centrocampista ofensivo físico. Porque esa era la paradójica definición de Vieira. De los dos medios centros, él era el que iba hacia arriba. El que rompía. El que pisaba área. El que iniciaba y terminaba. Después de Vieira, primero Fàbregas y después Wilshere acompañaron al medio centro puro. Menudos, técnicos, más pasadores que peleones. Porque no había Vieira posible, y sin un Vieira posible era preferible modificar el rol por completo. Pero el sueño sigue siendo ese. En el fichaje de Diaby, en el más reciente de Kyle Ebecilio, en el intento ya lejano de traer a un Yaya Touré aún por descubrir, Wenger dio muestras de que su centrocampista ideal era Vieira.

Vieira se asociará siempre a los últimos tiempos de Highbury, a los más gloriosos. Al acercamiento al club de una comunicad africana que coloreaba los aledaños del viejo campo, cerca de la estación de metro Arsenal, y que acudía al estadio, deteniéndose en los tenderetes de hot dogs, cantando aquel himno legendario: He comes from Senegal... and he plays for Arsenal..."


Para Abel Rojas, "Vieira cambió una demarcación que no era suya":

"Arsène Wenger sí lo entendió. Y se atrevió a entenderlo. Aquellos 192 densos centímetros se movían demasiado rápido, rectificaban con demasiada agilidad y articulaban una técnica defensiva demasiado depurada. Además, quien los levantaba era inteligente. Su mente asimilaba con precisión las pequeñas variaciones propias de cada partido, y no tardó en procesar una base táctica sólida de la que tirar cuando el juego desbordase la previsión de su técnico. Patrick Vieira corría serio peligro de ser destinado a la solución de problemas defensivos en un equipo desequilibrado. De convertirse en el prodigioso pero cutre mediocentro parche de algún entrenador mediocre con dificultades para construir una fase ofensiva estable. Lo peor, hubiera desempeñado el rol de maravilla. Y habría quedado atrapado en él para siempre.


Tenía un fútbol distinto, él sentía otra cosa. Su verdadero afán era correr hacia el frente, como quien busca el fin de la monotonía, o escapar de las severas arenas del desierto de Dakar. Orientaba la salida desde la creación de la línea de pase, por delante de la recta del balón. Era de asociación rápida y fluida, más tendente al cambio de ritmo que a la espera de la oportunidad ideal. Lucía slalom antes que envío, al percibir el vacío detrás de su defensor. Y gozaba cerrando la línea de rechazo, no el centro del campo del que formaba parte. El capitán del Arsenal más eterno no era mediocentro. Era un súper mediocampista cuyos recursos técnicos y forma de interpretar el espacio se ahogaban en la zona favorita del cinco más tradicional. Cincos como Didier Deschamps, Gilberto Silva, Claude Makelele o Emerson da Rosa. Algo más que compañeros para él.


Su compatibilidad con ese tipo de jugador y la productividad de sus uniones potenciarion la comercialización del doble pivote que había introducido su selección en el 98, y que dominó la pasarela táctica durante más de un lustro. De la mano, su rompedora fisionomía abrió de par en par las puertas al mercado africano, que al fin veía dónde invertir las extraordinarias condiciones físicas de sus mejores proyectos. Desgraciadamente, también halló la excusa con la que colar más de un físico notable que no tenía otra cosa que ofrecer. Y para más inri, algún entrenador mediocre sí que vio en ellos a su cutre mediocentro parche. La verdad, soy muy de Vieira, pero no le agradezco todas sus consecuencias. Entiendo que poco importe esta historia en el norte de Londres. Wenger sí lo entendió. Y Patrick, bien entendido, resultó uno de los centrocampistas que definieron su década."

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente manera de homenajear a un crack. Estas maravillas son obligatorias.

Como le he dicho alguna vez a Abel, saberse rodearse es imprescindible para desarrollar todo el potencial que uno lleva dentro. El tuyo es enorme, Sergio. Me has dejado fascinado en la Copa América.

Muchas gracias y mucha suerte.

Jordi Amat.

David León dijo...

Una delicia el artículo. Como comento en Twitter, sin duda acertáis en señalar a Vieira como centrocampista bisagra en el Arsenal y en gran parte del fútbol europeo.

Por cierto, aunque no venga a cuento, gracias por vuestro trabajo en MI. Realmente hacéis aún mejor la Copa.

tunde dijo...

Joder... qué lujazo poder leer estas cosas.

Trouro dijo...

grandes! y vieira tb!

Arjen11 dijo...

Bestialidad de jugador, la única pena es que no consiguiéramos traerlo al Madrid, con todas las veces que sonó (al igual que Robert Pires).

Muchas gracias y Un abrazo

Arjen11

Arjen11 dijo...

Y hablando de mediocentros africanos, bueno en este caso francés pero negrillo: ¿le seguís la pista a Diamé? aquel MC que destacaba en el Rayo Vallecano hace un par de años y que ahora está en el Wigan.

En el Rayo me parecía que tenía bastante porvenir, pero no he podido seguir sus andaduras por el Wigan...

Sergio Santomé dijo...

@ Arjen11

Titularísimo en el Wigan, pero no ha evolucionado mucho en cuanto a nivel.

Siempre digo que si aparte de ese físico tuviese algo más de fútbol...